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La Bella y la Bestia

Esta es la historia de un hombre que tuvo una riqueza inigualable, como nunca antes nadie había podido contemplar.

Pero de pronto, lo perdió todo; y tuvo que cambiar su estilo de vida.

Este hombre, tenía tres hermosas hijas.

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Juntos, decidieron vender la mansión y así poder mudarse al campo para vivir en una pequeña y acogedora casita.

Al no poder asistir a los grandes bailes a los que estaban acostumbradas las dos hijas mayores de aquel hombre, pasaban el día entre quejas porque debían remendar los vestidos, mientras que Bella, con dulce rostro, siempre estaba de buen humor: era la hija menor y se adaptaba muy bien a esta nueva vida.

El hombre decidió ir a la ciudad a buscar trabajo. El día que emprendía su camino, montó en su caballo y les preguntó si había algo que querían que les trajera de regalo en el caso de poder conseguir una buena paga.

Las hijas mayores no lo pensaron dos y gritaron al padre:

“Vestidos hermosos para mí, padre”

“Joyas para mí, padre”

Mientras que Bella le dijo a su padre con su dulce voz:

“Lo que más deseo es que llegues bien a casa, amado padre. Con eso estaré más que feliz.”

El hombre conmovido le dijo a Bella:

“¡Oh, hija mía! Volveré a casa. Pero debe haber algo que te gustaría tener de la ciudad”

“Me gustaría tener la rosa roja más bonita que veas, Padre, pero puedo entender que en invierno no puedas conseguir alguna”

El padre sonrió ante estas palabras. Les dijo a las chicas: “trataré de conseguir todo lo que deseen hijas mías. Nos vemos pronto.”

la bella

Así el hombre empezó su camino cabalgando hacia la ciudad.

Lamentablemente, no consiguió trabajo, solo pudo comprar chocolate y frutas como regalo para sus hijas mayores.

No pudo conseguir ni siquiera la rosa roja o cualquier otra flor para Bella. Y cuando todo iba mal, las cosas empeoraron, pues en su vuelta a casa el caballo sufrió una herida muy grave en una de sus patas, por lo que el hombre tuvo que ir el resto del camino a pie mientras se iba formando una gran tormenta de nieve que hizo que el hombre se perdiera en medio del bosque oscuro.

Mientras caminaba en la ventisca, logró ver a lo lejos una luz tenue que provenía de la ventana de una mansión gigantesca con enormes muros y rejas. Desesperado, cambio su rumbo hacia la gran mansión mientras se decía a sí mismo: “espero que me puedan dar cobijo”

Pero de repente, un gran viento tempestuoso, hizo que las rejas del jardín de la mansión se abrieran de par en par para que el pobre hombre pudiera pasar.

Sin pensarlo dos veces, siguió el sendero hacia la puerta principal que también se abrió con un gran chirrido como las propias puertas estuvieran invitándolo a entrar en la mansión.

Desde la entrada, echó un vistazo a su alrededor y observo que ante él había un comedor enorme. Encima de la mesa, una apetecible cena servida, llena de deliciosos aromas que inundaron sus fosas nasales, invitándolo así a sentarse a la mesa para degustar toda la comida que había dispuesta solo para él, ya que no parecía haber nadie más allí.

Una vez que decidió entrar, las puertas se cerraron detrás de él con un estruendoso sonido.

No logró ver a donde había ido su caballo herido. Pero sin pensarlo mucho, tomó asiento en la silla que por sí sola se alejó de la mesa para que él pudiera sentarse. Se sentía agradecido y pensaba para sí mismo: “voy a tratar de disfrutar de toda esta amabilidad que se me está ofreciendo”

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Después de comer y beber todo lo que pudo, se dio cuenta que al frente de la chimenea había un mueble con mantas levantadas para él; parecía que lo estuvieran invitando a recostarse y descansar.

Y así lo hizo.

Cuando se despertó del profundo sueño, creyó que todo lo que vivió fue parte del cansancio. Pero en la mesa, el desayuno estaba servido.

Mientras estaba sentado en la mesa el padre absorbía cada detalle de aquel lugar tan hermoso, hasta que fijó la vista en un jarrón de plata que estaba en medio de la mesa y en cuyo interior se posaba una hermosa rosa roja. Inmediatamente pensó en su hija Bella y en el regalo que ella le había pedido.

“¡Qué suerte tengo!”, pensó después de haber comido todo lo que pudo.

“Le llevaré esta rosa roja a mi hija Bella”, exclamó con ternura, y cuando se disponía a tomar la rosa del jarrón, un rugido espantoso estremeció toda la estancia, las velas se tambalearon y el fogón se redujo como si tuviera miedo.

La puerta se abrió de forma inexplicable y en ella se veía la silueta de algo que no se podía identificar: ¿era un hombre? ¿una bestia?

Iba vestido de caballero pero con unas enormes garras peludas y una cabeza cuyas fauces mostraban increíbles y enormes dientes. Entonces, la silueta gruñó: “¿así pagas mi amabilidad? ¿robando mi rosa?”

“No señor, perdonadme. No pretendía robarla. Solo creí que era un buen regalo para mi hija Bella”, decía el padre sin apenas poder articular una sola palabra del miedo que tenía.

“Es muy tarde. Llévate la rosa pero a cambio deberás enviar a tu hija”, dijo la bestia.

“No puedo. Imposible. ¡Es mi hija! ¡Devórame a mí, pero no devorarás a mi hermosa hija!”, gritó el hombre a la bestia.

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“Ya es tarde, tienes que enviar a tu hija. Prometo no hacerle daño, te doy mi palabra, no tocaré ni un cabello de tu hija. ¡Decide ya!”, dijo la bestia.

El hombre, lleno de miedo, accedió al trato tan terrible. Así, la temible criatura le dio un anillo mágico para Bella, puesto que una vez estuviera en sus manos y lo girase tres veces, llegaría a la mansión al instante.

El hombre emprendió su marcha con el caballo increíblemente curado y listo para partir.

Para el padre de Bella el retorno a casa fue una tortura. Una vez que estuvo en casa con sus hijas les contó todo que le había ocurrido durante el viaje.

Bella, como siempre, comprensiva, le pidió a su padre el anillo y dijo: “Si esa criatura te dio su palabra de no hacerme daño, entonces iré para ayudarte a cumplir tu parte del trato”. Al ponerse el anillo le dio tres vueltas y pareció en la desolada mansión sin nadie para recibirla.

En los primeros días que estuvo allí todo fue sencillo, incluso llegó a ser interesante.

La mesa siempre estaba servida como por arte de magia, las velas de los candelabros se encendían solos por donde Bella pasaba y en ningún momento vio a la Bestia.

La mansión era acogeradora y agradable, pero la soledad empezaba hacer mella porque Bella no tenía con quien hablar, anhelaba que la Bestia se apareciera ante ella aunque fuese aterrador.

Una inesperada aparición de la bestia en el jardín hizo a Bella gritar de miedo y taparse la cara con las manos, mientras la criatura intentaba calmarla diciéndole: “¡Por  favor, no grites, Bella! ¡No pienso hacerte daño! Solo quería saludarte y preguntarte si has estado bien atendida en la mansión”

Bella tratando de calmar su respiración le dijo como pudo: “sí, gracias, me siento bien atendida mi señor, sin embargo, deseo con todo mi corazón estar en mi humilde hogar”

La bestia asintió y le pidió caminar con ella por el jardín aquel día. Las caminatas por el jardín se hicieron frecuentes. La bestia charlaba cada vez más con ella pero nunca comía en la mesa del comedor con Bella.

Desde la ventana, Bella observó una noche cómo la Bestia se preparaba a cazar su comida bajo la luz de la luna, pero cuando se dio cuenta que ella lo observaba, salió huyendo muy apenado, aullando de vergüenza mientras se alejaba.

Bella comenzó a sentir la necesidad de hablar con Bestia y verle cada vez con más frecuencia, pese a lo aterrador que le parecía, porque se sentía sola.

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Un día Bestia se acercó a Bella y le dijo: “Bella, cásate conmigo”- pero ella solamente sentía compasión por él porque parecía muy entusiasmado, por lo que únicamente pudo responderle con la más dulce sinceridad: “lo siento, me halaga mucho tu petición, me gustaría quererte y aceptarla, pero no quiero casarme contigo, Bestia”

Sin embargo, Bestia no se rindió y le repetía la propuesta de matrimonio con mucha frecuencia a pesar de que la respuesta de Bella era siempre la misma: un rotundo no.

Bestia se dio cuenta que Bella era infeliz en la mansión pero que soportaba estoicamente su estancia.

Un día mientras la buscaba, encontró a Bella echa un mar de llantos; y viéndola llorar por primera vez, ella le dijo apenada: “lo siento Bestia pero me siento muy triste, extraño mucho a mi Padre y siento que no soy lo suficientemente agradecida cuando no has hecho otra cosa que tratarme muy bien y hacer que me sienta cómoda en tu casa, pero me he dado cuenta que ya llevo aquí casi un año, y se acerca el invierno de nuevo”

Pero Bestia, conmovido, le hizo prometer que si volvía en sietes días podía ir a su casa a visitar a su familia.

Ella, muy contenta, le prometió que volvería con mucho gusto a su lado. Entonces él le entrego el anillo mágico y ella se despidió con un beso. Al darle tres vueltas al anillo, apareció en la sala de su casa sorprendiendo tanto a su padre como a sus hermanas quienes estallaron de alegría por tener a Bella de nuevo con ellos.

Bella y su familia charlaron a más no poder, cada uno tuvo su turno para contar todas las cosas que habían sucedido durante todo el tiempo que estuvieron separados. Pasaron una gran semana pero, Bella, al no tener señales de Bestia sentía que este la había olvidado. Por lo que decidió quedarse unos cuantos días más con su familia.

Transcurrió otra semana más y todos se sentían tranquilos, ya que no había sucedido nada malo. Hasta que una mañana, mientras Bella peinaba su cabello frente al espejo, percibió que la imagen se hacía borrosa, hasta que su reflejo se transformó en la imagen de Bestia tendido en el suelo cubierto de hojas y ramas, apenas iluminado por la luz de luna.

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Bella, en ese momento, sintió un vacío muy grande en su corazón, temiendo que Bestia estuviera muriendo. Inmediatamente pensó: “Bestia, esperame, no te mueras, iré por ti”. Por lo que tomo el anillo lo giró tres vece; acto seguido, apareció en el jardín junto a Bestia.

Bella sollozaba desconsolada junto a la gran criatura que no reaccionaba ante nada. Ella le decía: “Bestia, lo siento, aquí estoy, volví, no quería romper mi promesa, aquí estoy, no quiero te mueras, oh mi querida Bestia, vuelve a mí”; mientras sus lágrimas brotaban de sus ojos y caían al pecho de la criatura.

Mientras Bella yacía llorando, sintió que una mano le acariciaba la cabeza y una voz con un timbre desconocido le decía: “Bella, me amas, has vuelto por mí, me amas como yo te amo, ya no llores más ni me temas, mírame” –  y cuando Bella hizo lo que la voz le decía, no podía creer que el cuerpo de Bestia se hubiera transformado y en su lugar apareciese el hombre más hermoso que sus ojos hayan visto jamás.

El joven le sonreía y la miraba de la forma más dulce que en la vida se pudo imaginar.

Bella seguía sorprendida y le tocaba cada parte de sus facciones mientras le preguntaba con su fino hilo de voz: “¿Quién eres tú?”

El hermoso joven se reincorporó y la ayudó a escapar de la estupefacción; este le dijo: “Bella, soy un príncipe y fui hechizado por una bruja hace mucho tiempo. Solo el amor verdadero podía liberarme de esa maldición. Y has vuelto por mí, regresaste porque me amas, ¡estoy tan contento! – ahora, ¿sí querrías casarte conmigo?”

“Por supuesto que sí”, fue su respuesta.

¡Y vivieron felices para siempre!

Y colorín colorado, ¡este cuento se ha acabado!

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